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Columna

El precio del saco es la peor forma de comparar mineral

Comparar suplemento por el precio del envase es comparar lo que menos importa. La cuenta que decide no está en la factura: está en el comedero.

Por Francisco Marcos Gomes FeitosaMagnata do SalFundador de VERMEFÓS. Más de 30 años en nutrición animal, del mostrador de la agropecuaria al comedero.

· 4 min de lectura · Columna de opinión

Pila de sacos de suplemento mineral apilados en un galpón, con la etiqueta de precio visible en primer plano.

La cuenta que todo el mundo hace primero

En el mostrador, la primera pregunta es casi siempre el precio del saco. Es una pregunta legítima: es el único número que aparece sin esfuerzo, impreso en la factura, igual para todos y fácil de comparar. El problema es que es también el número que menos informa sobre lo que va a llegar al animal. Todo el mundo sabe cotizar sacos. Casi nadie cotiza nutrición.

El saco es unidad de envase, no unidad de nutrición. El rodeo no recibe sacos: recibe una cantidad de nutriente por día, multiplicada por los días del año. Dos productos apilados uno al lado del otro, con precios parecidos, pueden entregar cosas bien distintas a lo largo de una estación entera, porque difieren en lo que tienen por kilo y en la cantidad que el animal consume por día.

Precio por saco, coste por cabeza

La comparación que vale tiene tres números, y el precio del envase por sí solo no es ninguno de ellos: cuánto consume el animal por día, cuánto entrega el producto en esa cantidad y cuánto cuesta eso por cabeza y por día. Hecha la cuenta, el orden de precios cambia con frecuencia. A veces se invierte del todo, y el producto que parecía caro en la pila sale barato en el comedero.

Escribo esto sabiendo que trabajo contra parte de mi propio sector, y contra mí de paso. El día en que el ganadero pase a comparar coste por cabeza y por día, muchos argumentos de venta dejan de funcionar. El mío también, si no me sostengo en esa cuenta. Lo prefiero así: quien vende bien solo tiene que temer al comprador que no calcula.

Lo que el saco barato suele cobrar después

En mineral no hay magia. La materia prima tiene precio, y es más o menos el mismo precio para quien fabrica. Cuando un saco sale muy por debajo del resto, algo ha cedido: menos de lo que cuesta, más de lo que rellena. El vehículo forma parte de cualquier fórmula y no es un defecto; lo que no puede es venderse al precio de aquello que no es.

Y hay un coste que no entra en ninguna factura: el del año perdido. La vaquillona que se atrasa, la vaca que tarda en volver, el novillo que llega más liviano al final de la seca. Ese gasto no aparece en ninguna línea de la planilla, pero se paga igual, y suele ser muchas veces mayor que la diferencia que se ahorró en el saco.

Comparar da trabajo, y por eso funciona

Comparar bien lleva quince minutos, dos etiquetas y una calculadora. Niveles de garantía, consumo previsto, precio. Es un trabajo aburrido, sin ninguna emoción, y es lo único que protege a quien compra de la charla de quien vende, la mía incluida. Contra una cuenta hecha no hay argumento de vendedor que resista.

Quien hace esa cuenta deja de ser comprador de sacos y pasa a ser comprador de nutrición. Son dos relaciones distintas, y a la segunda es bastante más difícil engañarla. Desconfíe del fabricante que prefiere que usted no la haga.

Contenido informativo. No sustituye la orientación de un responsable técnico para tu hato.

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